Washington (RRC): En una escalada de su controvertida campaña antidrogas en el Pacífico Oriental, las fuerzas armadas de Estados Unidos llevaron a cabo un ataque letal contra una embarcación sospechosa de narcotráfico, resultando en la muerte de cuatro presuntos «narcoterroristas».
El incidente, ocurrido en aguas internacionales, marca el cuarto golpe en una serie de operaciones ordenadas directamente por el presidente Donald Trump, intensificando las tensiones regionales y las críticas por su carácter extrajudicial.
El Departamento de Defensa de Estados Unidos confirmó que el asalto se realizó en la madrugada de hoy en el Pacífico Oriental, a bordo de un buque identificado por inteligencia estadounidense como operado por una Organización Terrorista Designada (OTD).
Según el comunicado oficial, la embarcación transitaba por una ruta conocida de contrabando de estupefacientes y estaba tripulada por cuatro hombres, todos fallecidos durante el «ataque cinético letal». No se reportaron heridos entre el personal militar estadounidense involucrado en la operación.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, detalló en un mensaje difundido en redes sociales que el objetivo era un «buque de narcotráfico» vinculado a redes que envenenan a la sociedad estadounidense con drogas como el fentanilo.
«Por orden del presidente Trump, el Departamento de Guerra llevó a cabo un ataque cinético letal contra otro buque de narcotráfico operado por una OTD en el Pacífico Oriental», declaró Hegseth, enfatizando que «el hemisferio occidental ya no es un refugio seguro para los narcoterroristas que introducen drogas en nuestras costas para envenenar a los estadounidenses. Continuaremos buscándolos y eliminándolos dondequiera que operen».
Esta acción se suma a una ofensiva iniciada en septiembre, que ha destruido al menos 14 embarcaciones y causado la muerte de más de 60 personas en total, según estimaciones preliminares.
En los tres ataques previos del lunes, ocho tripulantes murieron en dos lanchas, cuatro en otra y dos en la última, con un posible superviviente aún en búsqueda por la Secretaría de la Marina mexicana (Semar).
La estrategia de la administración Trump clasifica a carteles mexicanos como Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, así como a disidencias de las FARC, el ELN y grupos venezolanos como el Tren de Aragua, como «organizaciones terroristas».
Esta designación permite operaciones militares directas sin necesidad de extradiciones o juicios, argumentando que estos grupos representan una amenaza equivalente a Al-Qaeda por su rol en la crisis de opioides en EE.UU.
El despliegue es masivo: incluye una decena de buques de guerra, un submarino nuclear, 10.000 tropas y el portaaviones USS Gerald R. Ford en el Caribe.
El objetivo subyacente, según analistas, va más allá del narcotráfico y apunta a desestabilizar al gobierno venezolano de Nicolás Maduro, acusado de liderar un «narcoestado». Por su cabeza, EE.UU. ofrece una recompensa de 50 millones de dólares.
Sin embargo, la campaña ha generado controversia legal y política. En el Senado estadounidense, se debate una moción para forzar el fin de las operaciones y el repliegue de fuerzas, argumentando que violan el derecho internacional al realizar ejecuciones extrajudiciales sin aprobación congressional.
México ha sido uno de los más vocales en su rechazo. La presidenta Claudia Sheinbaum declaró que su gobierno «no está de acuerdo con estos ataques y su forma de ejecución», aunque confirmó la participación de la Semar en el rescate del posible superviviente de un ataque previo, a unos 800 km de Acapulco.
En un caso anterior, dos supervivientes –un ecuatoriano y un colombiano– fueron repatriados, con el primero liberado tras interrogatorio.
En Colombia, el presidente Gustavo Petro denunció las operaciones como una intromisión, lo que provocó una respuesta airada de Trump, quien lo tildó de «líder del narcotráfico» y amenazó con retirar ayuda económica y aranceles comerciales.
Organismos internacionales como Amnistía Internacional han calificado las acciones como «asesinatos selectivos» que socavan el estado de derecho.
Mientras tanto, en Washington, defensores de la medida aplauden la dureza de Trump. «Estos narcoterroristas han matado a más estadounidenses que Al-Qaeda, y serán tratados de la misma manera: los rastrearemos, los conectaremos con redes y, luego, los cazaremos y los eliminaremos», reiteró Hegseth, vinculando los ataques directamente a la crisis de fentanilo que azota a EE.UU.
Con este nuevo incidente, la campaña antidrogas de EE.UU. entra en una fase crítica. Expertos advierten que podría escalar a un conflicto regional más amplio, especialmente si involucra invasiones terrestres en Venezuela, como ha insinuado Trump.
Mientras las rutas marítimas del Pacífico siguen siendo un corredor clave para el tráfico de cocaína desde Sudamérica hacia Norteamérica, la pregunta persiste: ¿será esta ofensiva un disuasivo efectivo o un catalizador para mayor violencia?
La noticia se encuentra en desarrollo, y se esperan más detalles sobre la identidad de las víctimas y la carga incautada en la embarcación atacada.
